jueves, 27 de septiembre de 2007


Plataforma electoral de Jaime Caicedo
10 Propuestas para democratizar a Bogotá


Bogotá, agosto 25 (Redacción). Convocamos el apoyo de los trabajadores, la intelectualidad, los artistas, el magisterio, los viviendistas, la juventud, los estudiantes, las mujeres, el movimiento de los derechos humanos, los desplazados y victimas de la violencia, convocamos a todos los demócratas de la ciudad para que entre todos y todas construyamos la BOGOTA DEMOCRATICA QUE NOS MERECEMOS. Conozca y difunda las 10 propuestas de Jaime


Caicedo al Concejo de Bogotá. Vote 10.


¡Superar la desigualdad, es hacer realidad los derechos de la gente!


1. Vivienda y habitat dignos


Proponemos adelantar una reforma urbana democrática, interviniendo la propiedad del suelo, con el objeto de que el Distrito adelante programas de vivienda digna para los sectores populares y las familias ubicadas en zonas de alto riesgo.
2. Nuevo modelo de Ordenamiento Territorial y reestructuración de las finanzas
Convocatoria a una Asamblea Distrital Estatuyente para modificar el Plan de Ordenamiento Territorial vigente y sus 14 planes maestros con estrategias, políticas y proyectos democratizadores para un nuevo modelo de ciudad. Revisar las condiciones de la deuda interna y externa con el fin de liberar recursos para inversión social. No más impuestos para los sectores populares.
3. Defensa de los recursos naturales, el medio ambiente y por un sistema integral de transporte masivo
Luchamos contra de la privatización del agua. Proponemos un plan estratégico para obligar a las empresas que explotan los recursos naturales a costear la recuperación de los daños ambientales ya causados. Suspender el relleno de los humedales, descontaminar el río Bogota, exigir a las industrias la adopción de tecnologías limpias y un plan de combustibles no contaminantes. Detener la urbanización de los cerros y ofrecer soluciones dignas a sus habitantes evitando su desplazamiento forzado. Crear un sistema que integre el metro, Transmilenio, el tren de cercanías, el transporte público colectivo, los taxis y las ciclo rutas. Impulsar una empresa distrital pública que asuma el manejo del transporte. Integrar al sistema a los pequeños propietarios de vehículos de transporte público y crear garantías laborales para superar la guerra del centavo.
4. Cese de las privatizaciones y papel social del Estado Distrital
Intervención del Estado Distrital para la política social y la democratización del patrimonio Público. Frenar el proceso de privatización de la EAAB y de la ETB. Punto final a los contratos de concesión. Derogar el acuerdo del Concejo que autorizó la venta de la ETB. Reversar la privatización de la Empresa de energía y los contratos de concesión de aseo. Reasumir el DC las funciones privatizadas y cubrirlas con sus trabajadores y empleados. Creación de un banco distrital de carácter oficial para el manejo de los recursos que cumpla funciones de fomento a pymes, el sector de la economía solidaria y madres cabeza de familia. Contra el TLC y sus nefastas consecuencias políticas y sociales.
5. Defensa de los derechos de los trabajadores, contra la pobreza, el desempleo y la inseguridad
Aplicación de los convenios de la OIT sobre negociación colectiva. Garantías para los derechos adquiridos de los trabajadores a la estabilidad laboral, salarios justos, ejercicio de las actividades de las organizaciones sindicales. Programas para los vendedores ambulantes, los desplazados, programas de inclusión social y productiva de los habitantes de la calle y demás sectores vulnerables, dentro de una estrategia integral de combate contra la pobreza. La inseguridad se combate con empleo, seguridad social, educación más que con policía o simple represión.
6. Política alimentaria integral
Política alimentaria que supere el asistencialismo. Fortalecer el sistema de abastecimiento campesino a Bogotá que se pretende eliminar para entregarle el “negocio” a los grandes hipermercados. Establecer una canasta alimenticia adecuada y con precios justos y accesibles a la población de bajos ingresos. Política de ruralidad concertada y con intervención directa del campesinado en su gestión.
7. Ampliación de la cobertura y la calidad de la educación y la salud pública
Fortalecimiento económico e institucional de la educación pública. Concretar su carácter gratuito. Recuperación de los derechos de los maestros. Creación de un sistema alternativo de salud con base en el mejoramiento del programa salud a su hogar. Desmonte del sistema neoliberal de la ley 100 de 1993. Ampliación de los cupos, programas y políticas públicas de la Universidad Distrital, así como de las Universidades públicas ubicadas en el Distrito con respeto de su autonomía.
8. Políticas incluyentes para la juventud, la mujer, la niñez, las etnias y a la población LGBT
Diseño de una política pública concertada de largo plazo sobre la juventud, la mujer y la niñez. Derechos ciudadanos plenos de los sectores etnosociales, superar el enfoque de “minorías”, contribuir al despliegue de su aporte humano y cultural al enriquecimiento de la diversidad de Bogotá. Actuar en contra de la discriminación y a favor de los derechos de los LGBT.
9. Cultura, recreación y deporte para todos y todas
Superar el concepto de cultura como objeto mercantil y de espectáculo. Fomentar la actividad cultural desde lo popular. Apoyar las diversas manifestaciones artísticas y culturales, a nivel local y distrital, a partir de las organizaciones de los trabajadores de la cultura y el pueblo. Sistema distrital de deporte y fomento de espacios para la recreación pública no privatizados, de carácter gratuito. Programas específicos para los discapacitados y la tercera edad.
10. Por la paz democrática y los acuerdos humanitarios
La paz democrática conlleva la superación de las causas sociales, políticas e históricas del conflicto. Bogotá no es ajena al conflicto armado realmente existente. Trabajamos por una salida política negociada a través de un Tratado de paz con garantías institucionales y respaldo popular. Actuamos por acuerdos humanitarios, entre ellos el intercambio, con acciones inmediatas de convocatoria social.
Breve CV de Jaime Caicedo
Profesor asociado de medio tiempo. Antropólogo Universidad Nacional; Magíster en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e internacionales del Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo; Doctor en Ciencias Filosóficas de la Universidad de la Habana. Áreas de interés: Teoría antropológica; política y paz; desarrollo y conflicto; cultura en la globalización. Publicaciones: Marx Vive (coautor) 2003; Plan Colombia: Enfoques críticos T. I y II (coautor) 2002.

La Izquierda que Quiere el Sistema

La Izquierda que Quiere el Sistema
Desafíos Electorales de la Unidad
Por: Álvaro Vásquez

En una nota del periódico “Desde abajo”, Víctor J. Moncayo se pregunta: “¿Qué es lo que quieren del Polo?”, criticando las angustias de los publicistas oficiales en procura de que el Polo se aconducte y se porte bien. Desde otro ángulo podríamos preguntarnos ¿cuál es el tipo de izquierda que quiere el sistema?

Esta reflexión se nos ocurre sobre todo ante la avalancha de opiniones que se han volcado con motivo del debate de estos días entre diversas tendencias de la izquierda. Anteriormente, cuando los partidos tradicionales mangoneaban en el escenario político, se limitaban a descalificar las tesis revolucionarias, perseguir y hasta asesinar a los activistas populares.

Ahora, cuando el bipartidismo ha entrado en su fase terminal y Uribe está huérfano de un partido político, la burguesía, tan tarda en sus reflejos, por fin se ha dado cuenta que el Polo encarna una etapa nueva y dinámica de la lucha del pueblo, que coloca en riesgo los privilegios del bloque de poder y ha dado en la flor de aconsejar a la izquierda para que su actividad sea moderada, huya del radicalismo y se acomode a la perpetuación del capitalismo.

El punto culminante de esta pedagogía parece expresarlo la revista Semana del 17 de septiembre, al lanzar su proyecto de partido que llama “nueva izquierda” y que sería algo así como una tercera vía entre la caverna uribista y los modernizadores del Establecimiento.

A esta criatura se le atribuye desde ya la más brillante ejecutoria y se le aseguran las más altas posiciones en la estructura política. Claro, lo esencial es que moderen sus objetivos, sean funcionales al sistema y renieguen de las viejas tradiciones de la lucha popular contra el capitalismo.

Dentro de esta fauna de nuevo tipo se colocan on line un profuso espectro de gentes que vienen de diversos rumbos y que se caracterizan por sus comillas “progresismo”, por su moderación (elemento clave de la clasificación) y por su concepción de continuidad del capitalismo como última frontera de nuestra sociedad.

Para los fabricantes del engendro, que llaman de “centro izquierda”, caben no sólo dirigentes exitosos, sino algunos un tanto desvalorizados como Mockus o María Emma, a los cuales se agregan en un cóctel indigesto, auténticos exponentes del Establecimiento como Pardo Rueda, Juan C. Restrepo, Juan G. Uribe y Camilo Gómez, quienes nunca pensaron ser incluidos en esta gran liga de la invertebración.

Podríamos agregar que a los creadores del nuevo partido se les olvidó embutir a la brava en esta versión funambulesca de la izquierda a José Obdulio, Nieto Navia y Londoño Hoyos. Con ellos, quedaría completa esta lista de la recién estrenada nueva izquierda.

Alerta que camina. Los Bolivarianos

Sobre la combinación de las formas de lucha
Análisis

Cualquier lucha es reprimida en Colombia
Reproducimos esta ponencia del camarada Jaime Caycedo sobre "La combinación de las formas de lucha en Colombia", elaborada hace tres años, pero de enorme actualidad, para contribuir al análisis desapasionado, mas no desprovisto de sentimientos, sobre la realidad colombiana. Este es un imperativo de la nueva realidad que están viviendo los pueblos latinoamericanos.
Por Jaime Caicedo Turriago. Secretario general delPartido Comunista Colombiano. Aparte del libro. Alerta que camina. Los Bolivarianoshoy en Nuestra América. Compilador Ramón Bussi.Ediciones emancipación. Buenos Aires. Fecha decatalogación 07. 02. 2003, páginas 84 a 87. Las formas de lucha, ¿el problema?:
Las formas de la lucha armada en el área andina hanpersistido bajo un desarrollo comprobable en Colombia.Se trata, sin duda, de un componente de la tragediahistórica que vive el pueblo colombiano. La búsquedade una salida incruenta, pacífica, democrática,humanista, de esta situación, es un propósitocompartido por las fuerzas revolucionarias, laizquierda y el campo democrático.La realidad colombiana mostró la eficacia de losproyectos revolucionarios y de sus avances políticos.Durante largos años, sectores intelectuales hanintentado responsabilizar de tal avancea la aplicación de la táctica de combinación de todaslas formas de lucha, formulación teorizada por elPartido Comunista Colombiano como característica de larespuesta popular al régimen de represión y violenciaque ha caracterizado un prolongado período de lahistoria contemporánea del país. Los voceros del establecimiento colombiano se hanapropiado esta explicación para justificar la guerrasucia y la polarización de la sociedad. Pero laexperiencia histórica real ha mostrado dosconsecuencias subestimadas por los analistas.Por un lado, el desarrollo de las organizacionesarmadas muestra que su crecimiento ha guardadorelación con el mantenimiento de su potencialpolítico-militar como con el planteamiento de unasolución política fundada en la posibilidad deacuerdos sobre reformas de alcance democrático en laestructura de la sociedad. Esa faceta de su proyecciónsocial explica su permanencia, su implantaciónterritorial y su incidencia política en la vidanacional.Por otro lado, esto es posible únicamente porque elfenómeno guerrillero tiene un origen en laproblemática social y política de la historia deColombia. No fue un proceso inducido desde elexterior, como tan persistentemente lo enfocó elcriterio contrainsurgente anticomunista de inspiraciónyanqui. Tampoco partió de concepciones de metodologíaterrorista. Sus métodos han sido los de la luchairregular de guerrillas agrarias, sistematizados trasuna experiencia social centenaria, que han idourbanizándose más y más, con una adaptación a lascondiciones de la guerra en un escenario que no estodavía el de la guerra civil generalizada. Nosignifica esto restarle gravedad a la agudización delconflicto, a su escalamiento, al gigantismo militarque implica la contrainsurgencia como política delEstado o el intervencionismo estadounidense.Incluir a las guerrillas de las FARC y el ELN en laslistas de organizaciones terroristas, al lado de losparamilitares, e igualar a aquellas con éstos, es unacto de mala fe para encubrirle la cara al instrumentoprincipal del terrorismo de Estado: elparamilitarismo.La complejidad sociopolítica de la insurgenciacolombiana no es reducible al narcotráfico, como lopretenden los voceros del imperialismo. La producciónde narcóticos es un rasgo del capitalismocontemporáneo que alimenta una acumulación del sistemafinanciero internacional a través del lavado decapitales, lo que ha permitido a una franja de laburguesía asociarse en mejores condiciones con elmundo transnacional. Decir que solo la guerrilla capta recursos de esafuente es decir mucho y no decir nada. Elparamilitarismo, que goza del amparo oficial, sealimenta casi exclusivamente de ella. Y el sistemafinanciero, el mercado de tierras rurales, el mercadoinmobiliario urbano, el nuevo latifundismo, el gruesodel contrabando, el mercado de armas, etcétera,etcétera. Sólo un cambio sociopolítico que modifiquela estructura del sistema económico colombiano puedecambiar radicalmente esta situación, que implicaría,entre otras cosas, una reestructuración de lasactuales relaciones de propiedad agrarias y delsistema financiero. La permanencia de estos factores críticos queincorporan y correlacionan lo económico, lo social, lopolítico y lo político-militar caracterizan lasituación de Colombia y el "peligro" para la región.La orientación predominante en el gobierno de ÁlvaroUribe Vélez es la de escalar la guerra, militarizaraún más la sociedad para restablecer la seguridad y elorden en beneficio de unos cuantos ¿Qué remedio eséste que consiste en impedir el cambio a favor de unaequidad y de una justicia social, al costo de unamayor confrontación, dolor y riesgo para el pueblo?Todavía hay quienes piensan en el campo de laizquierda que la causa de la crisis nacional está enla existencia de la lucha armada guerrillera. El fenómeno guerrillero hace parte de una realidadhistórica y por lo tanto de la crisis. Pero más que sucausa ha sido su consecuencia. En las actualescondiciones, en que se agudiza el conflicto internopero no es aún una guerra civil; donde hay eleccionesy lucha social en confrontación con el modeloneoliberal pero no hay democracia, la conjugación delas diversas formas de lucha no es la directriz de unpartido político determinado sino un fenómeno desociedad que se complejiza más y más, cuyodesenvolvimiento dependerá de la unidad de las fuerzascomprometidas en la transformación del estado de cosasexistente en torno a un proyecto democrático, popular,avanzado, de cambio con soberanía y justicia social. La combinación de las formas de lucha de masas,incluyendo la lucha armada guerrillera como unarealidad insoslayable del país, tiene hoy el sentidohistórico de la búsqueda de una solución política,popular, democrática de la crisis, y del logro de lapaz por la vía del diálogo, los acuerdos bilaterales,las concesiones mutuas, la aprobación popular de losacuerdos, sin la intervención militar de los EstadosUnidos. La esencia de esta solución es laparticipación del pueblo en todos sus momentos, susniveles, sus decisiones, su escenificación y susconsecuencias para la construcción de un nuevo poderpolítico, incluyente, pluralista, y realmentedemocrático. A modo de conclusión:
Si lo dicho tiene algún sentido, el terrorismo no esel problema real del mundo andino. La guerraantiterrorista es un invento para encubrir laimposición de un proyecto neocolonial. El dolor decabeza del imperialismo es vérselas,cada vez más,conhechos políticos que incorporan a los pueblos a lalucha por distintos caminos y con diversos métodossobre los carriles del poder político. Si el poderpolítico no lo es todo ni lo resuelve todo en un mundoglobalizado, en ninguna parte como en la región semuestra tan patente su necesidad en manos del pueblopara derrotar el montaje tradicional oligárquico. Laexperiencia viviente del gobierno de Chávez enVenezuela alienta con su ejemplo las opciones decambio. Se amplían en cada vez más países lasposibilidades para la izquierda. La lucha socialadquiere dimensiones y alcances cada vez mayores y máspolíticos a lo largo y ancho del continente.
La lucha frente al ALCA y el propósito militarista delPlan Colombia congrega a pensar con mente propia lassolidaridades, las acciones comunes y la comunidad deobjetivos para una integración política, económica,cultural y defensiva de los pueblos y Estados Latinoamericanos y caribeños, con plena autonomía ensu proyección y en sus decisiones.
Esta tarea empieza a ocupar el primer plano de las luchas

Defender y consolidar el Polo


Jaime Caicedo
Candidato al Concejo Distrital








Por Jaime Caicedo
El heroísmo de las resistencias populares y la lógica de la lucha de clases abren una brecha en el cerco de la antidemocracia. Es más lenta y compleja la formación de una nueva conciencia. Lo muerto se come lo vivo, decía Marx. Los fantasmas del pasado rondan y azuzan a los mortales. Por eso no es extraño que los pasos hacia delante engendren temores y hasta arrepentimientos.
Veamos las cosas. El problema del uribismo es que tras cinco años de gobierno no resuelve la crisis nacional. El prospecto hacia delante, incluida una segunda reelección presidencial, no pinta fácil. No derrotó ni menos tiene en perspectiva la paz con la insurgencia. Pero, además, no logra impedir el reagrupamiento de la creciente oposición democrática. Suple su desprecio por lo social con la demagogia de los microsubsidios financiados por el Banco Mundial y el recorte a las transferencias. Con ello, más la represión y el Plan democracia (léase militarización electoral) intenta remontar el descrédito de la narcoparapolítica en los comicios de octubre.
A su vez, las alternativas burguesas de clase vacilan entre el temor al régimen del estado comunitario y el pánico ante la insurrección popular, que el propio sistema muestra ni más ni menos que como la disolución del país. Conforman un espacio intermedio que algunos califican de “centro” político. Acercarse al centro, se postula como lo razonable. Como postura el centro rechaza cierto paramilitarismo pero acepta la ‘seguridad democrática’, línea definitoria de la política de clase del establecimiento.

ACTUAR POR CONVICCIONES

El Polo se ha convertido, de hecho, en el eje de la oposición democrática y la opción alternativa alcanzable a los ojos de la lucha popular. El régimen lo ve como un enemigo a contener a tiempo. En las regiones le lanza los perros de presa del narcoparamilitarismo recompuesto. Presidente, ministros y asesores inventan a diario toda clase de falsedades para desprestigiarlo.

Sin embargo, la confrontación estratégica se la reserva al proyecto de cambiar los objetivos democráticos de la oposición por una actitud conciliadora aceptable para el régimen. El chantaje consiste en decir: o es esa “oposición mansa” o su destino es el de la Unión Patriótica. Otros evocan la inefable “nueva izquierda”. Todo el establecimiento hace coro para dar lecciones de sensatez.

¿Qué hacer? Para Uribe que alineó en torno al odio de clase y la justificación de la guerra sucia a una élite ávida y sin escrúpulos la Unión Patriótica fue diezmada por “combinar las formas de lucha”. Pacho Santos complementa que eso ocurrió en un cruce de tiros entre narcotraficantes.

Estas falacias hacen carrera, incluso en sectores de la izquierda. Se busca minimizar el hecho de que la guerra sucia haya sido parte de las políticas de Estado. Por más de veinte años estas denuncias han mostrado que existe una responsabilidad del Estado y de la oligarquía al mando en el terrorismo del poder. El propio Uribe tuvo que ver con la “operación retorno”, combinada con mandos militares, empresarios, paras y Chiquita Brands en Urabá. Asombra que un debate de la trascendencia del de paramilitarismo en Antioquia termine con un llamado al “acuerdo” y la “conciliación”, una especie de perdón y olvido, cuando lo que se reclama es un cambio político de fondo que ponga fin a la antidemocracia.

La Unión Patriótica fue agredida por el régimen, con la ayuda de narcotraficantes que auspiciaron el paramilitarismo, de la mano de la CIA y del Mosad israelí. No por adelantar una guerra armada contra el Estado, sino por ser un movimiento democrático con respaldo de masas que ponía en tela de juicio la hegemonía electoral y la influencia política del viejo gamonalismo bipartidista en regiones muy importantes del país. Asustar al Polo con el fantasma de la guerra sucia es de suyo una agresión inadmisible, contra la cual hay que convocar al pueblo colombiano y la comunidad internacional.

CARLOS GAVIRIA: VOCERO DE LA UNIDAD

¿El punto de las definiciones tiene que ser hoy la posición frente a las FARC? Para la seguridad ‘democrática’ allí está el fondo de los problemas del país. Uribe y sus ministros no vacilan en señalar a sus opositores como “guerrilleros vestidos de civil”, la misma frase con que el paramilitar Carlos Castaño justificaba la infinidad de masacres de las que fue autor. Son inaceptables los montajes cotidianos contra el presidente del Polo, maestro Carlos Gaviria, agenciados desde el gobierno, por personajes como el ministro de defensa. El objetivo de centrar el ataque contra Gaviria busca, conscientemente, fragilizar la unidad del Polo, forzar su renuncia, justificar una crisis. Hacerle el juego a esa idea, a nombre del relevo generacional en la actual coyuntura es algo fuera de foco.

No se alteran los liderazgos espontáneamente. Apoyar a Gaviria es una actitud política. Deben cesar las amenazas a los dirigentes, parlamentarios, activistas y candidatos, a los perseguidos y judicializados en un proceso electoral donde las garantías escasean o no existen en varias regiones.

NO EQUIVOCAR EL CONTRARIO
EN LA LUCHA POLÍTICA Y SOCIAL

Plantear que el Polo debe definirse en su actitud frente a las FARC es un distractor, una cortina de humo y un pretexto para eludir el debate de fondo frente a la política del régimen, no solo sobre la persona del presidente, sino todo el andamiaje de intereses privados, privilegios, tropelías, arreglos mafiosos y militarismo que enmarcan su gobierno. Es equivocar el eje de la confrontación real en medio de la batalla electoral en donde la oposición gana respaldo popular.

Pero, sobre todo, es eludir el debate sobre el compromiso de la oposición frente a la guerra, convertida en política de Estado como pretendida seguridad ‘democrática’. Y, sobre todo, frente a la paz necesaria. Esa paz que deberá suscribir el Estado, en algún momento de la historia próxima, con las Farc, el ELN y el Epl, como parte de una nuevo pacto social para la construcción de una sociedad democrática que renuncie definitivamente al terrorismo de estado, la violencia, la represión y la criminalización de los opositores políticos y sociales. No es cierto que en el Polo existan corrientes o fuerzas políticas que azuzan la guerra. Sugerirlo como señalamiento contra partidos que están comprometidos con la unidad y lo han demostrado a lo largo de una historia denota una actitud insidiosa que pretende obligar por la fuerza a su disolución. Sería volver atrás en los acuerdos esenciales que conforman el proceso de convergencia política que es el Polo.

EL POLO CON LA SOLUCIÓN POLÍTICA

Nadie en el Polo piensa que la salida a la situación actual sea el ahondamiento de la guerra. Por el contrario, las fuerzas avanzadas trabajan por una paz con justicia social, esto es, una paz democrática que ataque las causas sociales, culturales y políticas de la guerra. Entendemos la paz democrática como la superación de un pasado en donde una parte de la sociedad, especialmente agraria, no tuvo otra alternativa que alzarse en armas contra un régimen de intransigencia, de violencia de clase, de odio macartista y terrorismo enmascarado de legalidad. Se puede negar esta realidad histórica, como lo hace el gobierno, se puede “condenar” la lucha armada, sin que eso cambie un ápice de la situación real. De lo que se trata hoy es de superar el espacio de la historia viva de Colombia donde ese fenómeno se tornó en una realidad objetiva. ¿Cómo lograrlo? Es un tema que el movimiento democrático no puede eludir.

¿Es ello posible? Definitivamente si. Solo hay una vía: la solución política, la negociación, el diálogo, la identificación de problemas de las mayorías populares por resolver. ¿Puede un gobierno del Polo aportar a una solución política? Definitivamente si. Produciendo reformas sociales de fondo, lo que no excluye el diálogo, sino, por el contrario, lo presupone. En lo inmediato, hay que apoyar y acompañar los acuerdos humanitarios. Máxime cuando amigos, como el presidente Chávez, presta su concurso junto a otros presidentes.

DEFENDER Y CONSOLIDAR LA UNIDAD
El Polo refleja un proceso de unidad que es fruto de la convergencia y la voluntad política. Sus diferencias internas se resuelven con franqueza y madurez. Se ha superado de momento un escollo: un debate importante y necesario que se introduce en un momento de tensión de la lucha electoral. Dos elementos a rescatar. Uno, no se puede pretender cambiar caprichosamente la relación de fuerzas sin acudir al constituyente primario. Dos, hay que actuar con optimismo: la experiencia enseña que en la batalla política real la intervención popular construye la unidad en profundidad, la unidad del pueblo. Lo mostraron la consulta de marzo de 2006, la votación presidencial y la consulta en Bogotá, en julio de 2007.

Jaime Caicedo


Candidato al Concejo de Bogota D.C.

Secretario general del Partido Comunista Colombiano, cofundador del Frente Social y Político y del Polo Democrático Alternativo, donde se desempeña en la actualidad como integrante del Comité Ejecutivo Nacional.
Antropólogo y profesor universitario; PHD en Ciencias Filosóficas; Magíster en Análisis político y Económico, y relaciones internacionales. Su vida es un ejemplo de coherencia con las ideas revolucionarias de izquierda en las cuales ha militado desde su juventud a través del movimiento estudiantil, el sindicalismo profesoral y la intelectualidad progresista.Su candidatura al Concejo de Bogotá representa la aspiración y la vocería de sectores importantes del movimiento de los trabajadores, la intelectualidad, el magisterio, la juventud, las mujeres, la lucha por la vivienda, el movimiento por los derechos humanos, los desplazados y las victimas de la violencia, que comparten una línea de transformación profunda de la sociedad en beneficio de los pobres y las capas medias, con un programa que propende por el derecho a una ciudad con hábitat y trabajo digno, lucha contra la desigualdad y democratización de lo público en áreas estratégicas como el suelo urbano, la educación, la salud, los servicios domiciliarios, el transporte y la cultura, con un enfoque de construcción socialista de la ciudad y el país.